Actualmente en nuestro
país El Salvador, se ha multiplicado el embarazo en niñas y adolescentes, y
ésta situación las somete a conflictos personales, familiares y sociales.
Quienes se encuentran
en ésta situación, son víctimas de la falsedad, de una población que hacen caso
omiso al hecho que sean activas sexualmente, pero no está de acuerdo con su
embarazo.
Las menores de edad que
son mamás, difícilmente viven dentro de un hogar bien constituido, y no tienen
libertad en su entorno. Tampoco pueden continuar estudiando, porque muchas
veces sienten vergüenza, otras veces en los centros escolares les niegan el
acceso por su “mala influencia” a otros estudiantes.
Asimismo los papás
menores de edad difícilmente consiguen trabajo, o consiguen algún trabajo con
remuneración baja.
Un fuerte paradigma de
la sociedad salvadoreña es considerar que la mujer debe estar en la casa y
entre más rápido se case mejor. Incluso muchos padres de familia consideran que
no es muy importante poner a las hijas a estudiar después de haber cursado
educación básica (ellas tienen aproximadamente 15 años cuando finalizan noveno
grado) porque ya se van acompañar o casar.
La sociedad salvadoreña
en lugar de prevenir y controlar la problemática de los embarazos en niñas y
adolescentes, parece que “impulsa” éste fenómeno social, a través de los
paradigmas culturales que “acarrea” desde antaño, y que vienen funcionando de
generación en generación, ésta ideología muy salvadoreña no cambiará de un
momento a otro, se necesitaran años de evolución para que las personas piensen
de otra manera, y críen a sus hijos con otro punto de vista.

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